La última muerte (Relato)
De pie, en frente mío, Gom me mira con ojos entristecidos.
-Creo que esto es una despedida.- Dice él, con el tono de quien abandona a un perro en una autopista.
-Eso parece, pero no sientas pena por mí por favor.- Contesto, a la vez que intento esbozar algo parecido a una sonrisa.- Yo he elegido mi camino.
Gom parece estar a punto de decir algo, pero cambia de tema.
-Bueno debería irme preparando.- Dice mientras se gira para irse.
Los dos sabemos que solo quiere escapar de esta incomoda situación, pues la preparación para la súper-hibernación, no cuesta más de 10 minutos.
Mientras veo como se aleja por el silencioso pasillo intento recordar como empezó todo.
Al principio no era más que un lujo caro que los ricos moribundos podían permitirse.
“Viva en el más dulce de los sueños por siempre jamás” rezaba el anuncio. “La felicidad eterna a su alcance”
Como todo en esta vida, con el tiempo se fue abaratando y llegó al alcance de las masas. La tasa de mortalidad empezó a descender en picado. La gente no quería morir, prefería gastarse los ahorros de su vida en ser congelado, en vivir en un dulce sueño eterno. “Ahora incluso los pecadores pueden entrar en el eterno paraíso” fue uno de los eslóganes más polémicos.
Mantenidos en el cero absoluto y encerrados en una capsula hermética, indestructible e imposible de abrir, se les inducía un sueño, una realidad donde todo les salía a pedir de boca. Y además, con una garantía de supervivencia infinita gracias a su cédula energética de fisión. El único caso que no cubrían era la hipotética caída de la capsula a una estrella. Debían especificarlo pues en teoría las capsulas sobrevivirían a la destrucción de la tierra.
Poco a poco la gente se cansó de vivir una vida real, teniendo el paraíso eterno al alcance de la mano. La gente empezó a contratarlo cada vez a una edad más temprana. Hasta llegar al punto en que solo se vivía el tiempo necesario para poder pagarse la súper-hibernación.
La natalidad desapareció literalmente. Y poco a poco fue quedando cada vez menos gente “despierta”.
Gom interrumpe mis pensamientos, entrando vestido con el traje azul eléctrico típico de la súper-hibernación.
-¿Te lo has pensado bien?- Me repite por enésima vez.- Una vez yo este dentro ya no tendrás opción.
-Estoy totalmente seguro, Gom.
Me dirige una ultima mirada de compasión y se dirige a la capsula que hay preparada para él. Entra y desde dentro se despide de mí. Cierro la compuerta e inicio la secuencia de súper-hibernación manualmente. Observo como la capsula desaparece en una nube de hielo humeante.
Vuelvo a mi asiento. Finalmente ha sucedido. Ya soy el único ser humano consciente sobre la faz de la tierra. El pensamiento me alivia y me entristece a la vez. No habrá súper-hibernación para mí. Seré el último que realmente muera.
