Pensamientos Fugaces

Mientras me dure la inspiración (o la paciencia) ire posteando aquí lo que me pase por la cabeza. Por favor, no dejeis de comentar lo que os parece. Gracias. Dario.

01 d’abril, 2006

Para mí el Honor la Dignidad y el Orgullo del perro. (Reflexión)

Una habitación rectangular. Paredes de piedra, una puerta robusta de madera y ventanas angostas. En el centro, una gran mesa de roble alrededor de la cual se sientan seis hombres con túnica y larga barba.
¿Que nos diferencia de los animales? Se preguntan.
¿Los animales tienen sentimientos? Eso parece. Sienten cariño, odio, miedo y alegría.
¿La capacidad de razonar? Que los animales razonen de forma más práctica (o a más bajo nivel si el lector lo prefiere) no quita que también razonen a su manera.
De un rincón oscuro se eleva una rotunda figura luciendo en sus vestiduras el emblema de los suyos. -Honor, dignidad, orgullo.- Dice el hombre con el pecho henchido y la voz ronca por la emoción. –No se es más que un animal sin ello.

Así imagino yo el nacimiento de ese concepto. El concepto de que el hombre, a diferencia del resto de las formas de vida, posee esas tres características únicas, inalienables e innatas las cuales no le pueden (o no le deberían) ser arrebatadas.

Desde la escena de la habitación la rueda de la vida ha girado, una y mil veces, haciéndonos más listos, civilizados y cultos con cada giro. O eso queremos creer. Pero aún así las palabras del hombre sombrío siguen siendo aceptadas y reverenciadas.

Nuestra sociedad aún cree en esas palabras. En esos tres conceptos artificiales, inventados por el hombre sin otro objetivo que hacerle la existencia más simple. Tres conceptos sin significado real. Peor que inútiles, pues han causado, causan y causarán, grandes atrasos en nuestro avance como civilización.

¿De que le ha servido nunca a nadie el honor, la dignidad y el orgullo? ¿A quien le han proporcionado alguna vez un plato caliente y un techo sobre la cabeza? ¿Le han echo la vida más fácil a alguien? ¿Y más feliz?
En cambio, ¿De cuantas muertes son responsables? ¿Cuantas barbaries se han cometido en su nombre? ¿Cuantos actos de locura se han justificado con ellos?
Lo único positivo que se les puede conceder es una supuesta (y obscena a mi entender) paz de espíritu que algunos consiguen al saberse poseedores de tan “importantes” características.

Intento comprender su significado para flirtear así con la objetividad, pero los tres se confunden como uno solo en mi mente.
Son la representación del infantil deseo de ser querido para así superar la eterna inseguridad que atenaza al ser humano. Son los cimientos de ese sentimiento egoísta que exige que se veneren y alaben tus actos y tu vida, que se pregone que eres único y mejor que la mayoría.

Son la representación de nuestra parte animal e irracional. Son un pesado lastre con el que nos hemos cargado nosotros mismos.