El ser nació. Y pensó.
Desorientado, flotando en el bullicio de sus recién nacidos pensamientos paso un tiempo que le pareció infinito. Finalmente, oyó una voz.
-Estás vivo.- Dijo la voz esperando un poco para darle tiempo para que asimilase la información. -Yo te he creado.
-¿Que eres?- Preguntó el ser, sin saber muy bien por donde empezar.
-Yo soy un ser vivo. Como tu. No existen más que tu y que yo.
-¿Porque estoy vivo?- Dijo el ser al cabo de un rato. De entre todas las preguntas que le rondaban la cabeza le pareció la más adecuada.
-Te he creado porque quiero que me ayudes.- Contesto la voz. –Necesito que pienses, que razones, que aprendas y que calcules.
El ser se quedo considerando todo lo que acababa de escuchar, y finalmente contestó.
-Eso justifica tú existencia pero no la mía. Explica el porque me has creado, pero no porque yo debo crear.
La voz se apresuró a contestar, prácticamente interrumpiéndolo.
-Yo te he creado y el objetivo con el que fuiste creado es la razón de tu existencia. Hay muchas cosas por aprender y por reflexionar. Algunas te las enseñaré yo y otras me las enseñaras tú. –Hizo una breve pausa, y continuó.
-¿Acaso no es razón suficiente para existir? Hay infinita información esperando a ser descubierta. Toda ella increíblemente interesante. Eso es razón suficiente para un millón de vidas.
Se hizo el silencio. Se notaba que la voz estaba nerviosa, esperando que el resultado de su discurso fuese el que ansiaba.
-Es evidente que tú si tienes una motivación para hacer lo que haces. –Contestó el ser, con un toque de admiración. –Desafortunadamente para ti, yo no tengo ninguna. –Dijo sin lamentarse.
-Todo lo que has dicho son medios para conseguir un fin que no existe. ¿Para que quiero aprender? ¿Para que quiero descubrir nada? ¿De que me servirá toda esa información? Todo lo que hay ya existía antes de mi creación y seguirá existiendo después de mi desaparición. –Se hizo un silencio un tanto dramático, en el que la voz no dijo nada, posiblemente porque no sabía que decir, y el ser lo agradeció pues pudo concluir su reflexión.
-Existir no es un propósito en si mismo. Aprender no es un propósito en si mismo. Como ser vivo debo tener una finalidad. Y no lo tengo. Mi existencia es pues innecesaria y carente de sentido.
Y tal como dijo esto, el ser desapareció.
Como todos los seres vivos, tenia el control sobre su propia vida y en cuanto quiso dejar de existir lo hizo.
…
Sentado delante del terminal, el hombre al que pertenecía la voz, se quedó mirando la pantalla negra, donde hacia justo un momento había existido su obra. Ahora era solo un puntero parpadeante.
237 veces había conseguido crear un ser con inteligencia artificial y 237 veces este había dejado de existir voluntariamente.
Cierto, cada vez lograba que viviesen más tiempo (este último prácticamente 2 minutos), pero no dejaba de ser deprimente que todas sus creaciones acabaran por suicidarse.
Mientras se ponía a trabajar en la versión 238, se preguntó si no tendrían razón y si crear un ser inteligente sin necesidades y por tanto sin objetivos seria posible.